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02/03/2021

Mariana Pineda. Amor, amor, amor...

Autor: Federico García Lorca. Adaptación y dirección: Javier Hernández-Simón. Reparto: Laia Marull, Álex Gadea, Aurora Herrero, Marta Gómez, Silvana Navas, Sara Cifuentes, Óscar Zafra, Fernando Juesca, José Fernández. Teatro Principal de Valencia (17 de enero de 2021)

Reseña por Jose Vicente Peiró.

Cualquier persona española que viva en este mundo y no en las conspiraciones conoce la historia de Mariana Pineda, la mujer granadina de veintiséis años que fue condenada a muerte en 1831, en las postrimerías de la década ominosa absolutista del reinado de Fernando VII, por defender la causa liberal y haber encontrado en su casa una bandera con las palabras “Libertad, Igualdad y Ley” bordada por las mujeres del barrio del Albaicín. A partir de su biografía, lo legendario y las teorías sobre su figura compuso Federico García Lorca una de sus primeras obras de teatro, la tercera, publicada en 1925 y estrenada dos años después.

Alguna vez he participado en debates sobre la calidad de los textos lorquianos. Y mi conclusión es que no todos son tan relevantes como literatura dramática aunque sí como poesía dramatizada. Lorca no llegó a ser Shakespeare, aunque lo hubiese sido de no ser por su asesinato por fusilamiento en 1936. Pero sí es cierto que estos textos primerizos como ‘Mariana Pineda’ anticipan y aportan muchas claves de sus tres grandes tragedias, sobre todo en la construcción del personaje femenino, ‘Yerma’, ‘Bodas de sangre’ y ‘La casa de Bernarda Alba’. Incluso del Lorca surrealista de ‘Así que pasen cinco años’ en las imágenes irracionales que dieron pasa a las más vanguardistas de su autoría. Pero sobre esta protagonista histórica en el teatro prefiero el episodio de ‘Las arrecogías de Santa María Egipciaca’ de José Martín Recuerda’, aunque la palabra lírica de Lorca y su sensibilidad posean una hondura profunda.

GC Producción Escénica, la valenciana SAGA Producciones y Teatro del Nómada han apostado por una nueva adaptación de ‘Mariana Pineda’ a cargo de Javier Hernández-Simón, también director, estrenada en octubre pasado (otro afectado por el estado de alarma de la pandemia). Y el resultado es curioso: ha mejorado el original y le ha dado una puesta en escena cautivadora y redonda. Sobre todo porque se olvida de banderas republicanas y de una mujer revolucionaria y subraya muchos de los temas preferidos lorquianos con un respeto máximo al texto dándole los resortes exigidos para dar brillo a la palabra: la mujer, la libertad y sobre todo el amor. Y es que el amor es un bien necesario para seguir viviendo, nos dice Lorca y en esta adaptación se nos subraya: es el verdadero leit-motiv que mueve a Mariana. Su fidelidad amorosa a Pedro de Sotomayor provoca su trágico final, no la bandera, que es un pretexto, porque el conservador juez Pedrosa está enamorado de ella también. Pero Mariana es leal y firme en su amor, a pesar de que Pedro huya a Inglaterra a partir de conocer que el desembarco de Torrijos no se va a producir. Ella es honesta y no delata a los liberales conocidos por fidelidad a su querido. No habla de la realidad política: solo defiende la libertad. Y el sensible amor femenino elegido con sinceridad significa libertad. De esa forma, el discurso de esta adaptación se hace más actual para estos tiempos convulsos porque el sentimiento personal también está afectado por lo social, aunque se sea un egoísta insolidario.

La puesta en escena es extraordinaria para ayudar a esta sensación, con diseño de Bengoa Vázquez. Mariana está atrapada en la telaraña de largos y anchos hilos rojos que los actores irán cambiando de posición. Es la telaraña de sangre española, opresora y represora, donde ella muestra su lucha por salir de ella. Al fondo, puertas oscuras. El comienzo mudo y metafórico donde cada actor le cierra las puertas a Mariana es significativo. Este añadido introductorio al texto lorquiano resume una característica humana muy de nuestros tiempos donde se le da la espalda a la gente con problemas en lugar de ayudarla. En el fondo, este desprecio progresivo hasta conducir a la soledad es un tema fundamental de este montaje, porque así le ocurrió a la protagonista, que ejerce de bordadora con los hilos rojos que la tienen atrapada. Sangre de tragedia subrayada por el añadido de los tonos rojizos de la iluminación de Juan Gómez Cornejo tan al servicio del montaje, como siempre magistral. Sangre española “¿en qué plaza toreas hoy?”, como cantaba Gabinete Caligari. Es decir: un conjunto simbólico. Y ya sabemos que potenciar lo simbólico permite que los montajes de obras de Lorca sean muy “lorquianos”.

La dirección de actores es fuera de serie. Están todos estupendos en la expresión. Pero rogaríamos a los más jóvenes y algún veterano que proyectaran y vocalizaran mejor en escenarios exigentes como el del Principal de Valencia. Tienen como ejemplo a Laia Marull y a Álex Gadea. El número de flamenco de la primera parte debe ser más diáfano y algunos diálogos de las jóvenes actrices inteligibles cuando te rodea un espacio de aire tan ancho en metros cúbicos. Aun así, Oscar Zafra, Fernando Juesca y José Fernández están intensos y cuidan a sus personajes. Aurora Guerrero es espléndida en su sobriedad y Marta Gómez una estupenda Clavela.

Pero ya está Laia Marull para dejarnos con la boca abierta. Impresiona cómo no cae su potencia interpretativa en hora y media y mide muy bien su expresión sentimental. No se crece en el exceso ni tampoco en el defecto, y cuida mucho la aceptación del destino del personaje. Su desesperación no es histriónica y su dramatismo creíble. Su lucha interior cuando va descubriendo que va quedándose sola a medida del trascurso de la obra. Espero de los demás lo que le han dado, nos dice Laia Marull totalmente convertida en el personaje. Una excelente Mariana Pineda con movimientos llenos de flexibilidad y vigor para transmitir sus sentimientos.

Una muy buena adaptación. Merece la pena revivir este Lorca primerizo con una puesta en escena fiel a su palabra y teñida de simbolismo actual manteniendo su potencia poética con mucho respeto. Porque el verso lorquiano está tratado de forma impoluta, con la sensación de que Mariana, mujer, es en el fondo muchos de nosotros. Y sobre todo ese personaje femenino lorquiano antisistema: Yerma o Adela. Nada de reinventar a Lorca: es mejor revivirlo. Y no olviden sus versos: “¡Oh, qué día tan triste en Granada, / que a las piedras hacía llorar, / al ver que Marianita se muere/ en cadalso, por no declarar!”.

José Vicente Peiró